Eran las doce de la tarde,
aquella mujer caminaba por la calle. Su mirada perdida a veces reflejaba
tristeza, a veces reflejaba coraje y otras veces, reflejaba amor. Dependía
del día, de la hora. Se detuvo junto a mí. Me pregunto qué pasaba por su mente.
Se sentó en la banca,
sostuve su mano mientras la miraba. El viento se movía y jugaba con su cabello,
ella permanecía callada. En silencio besé su mejilla. Ella miró mi mano y
sonrió.
Susurré, “te amo, estoy aquí”.
El viento se llevó mis palabras. Su mirada volvió, no estaba vacía, no estaba
perdida. “Sé que estás aquí”, dijo. Se levantó. Caminé a su lado, como un
viento, como una esfera. No me separé de ella. Nunca la dejé sola.
- Eréndira Poe
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